Se trata de un protocolo de homologación vigente en Europa desde septiembre de 2018 y que fue instaurado para verificar el consumo de combustible y las emisiones de dióxido de carbono de los vehículos ligeros. Sustituyó al anterior protocolo, que estuvo en vigor desde 1997 hasta 2018, y comprende ensayos más exigentes y próximos a las condiciones de conducción reales.