
Los principales componentes de un sistema de frenos están sometidos a una enorme fricción, lo que genera mucho calor, pudiendo superar los 500 ºC. Si durante la conducción se hace un uso demasiado intenso de los frenos, estos pueden alcanzar temperaturas extremadamente altas y superar el límite del calor admitido por algunos de los materiales que los componen, reduciéndose el coeficiente de rozamiento. De este modo, la frenada puede verse afectada ostensiblemente y llegar a anularse por completo. Tanto en coches, como en motos, el fading puede ser muy peligroso, dificultando que se detengan a tiempo y en el espacio disponible. “Fading” significa desvanecimiento o desmayo, lo que expresa muy bien lo que les ocurre a los frenos cuando se sobrecalientan.

Cuanto mayor es el peso de un vehículo o más cargado circula, es más fácil que aparezca el efecto fading, pues es más probable que el uso que se haga de sus frenos sea más intensivo, especialmente en carreteras con bajadas largas y pronunciadas.
¿Cuáles son los síntomas del efecto fading?
Aunque en vehículos modernos cada vez ocurre menos. Las señales de que en un vehículo se está comenzado a producir el efecto fading deben ser tenidas en cuenta y no continuar insistiendo con los frenos, por lo que lo más aconsejable es detener el vehículo en cuanto se perciban algunas de ellas:
- Pedal o maneta con tacto esponjoso y mayor recorrido: la frenada es menos directa y responde pero a las órdenes del conductor. Es fácil de detectar.

- Pérdida de eficiencia de frenado: los frenos no son capaces de detener el vehículo dentro de unos parámetros normales. Se aumenta de manera considerable la distancia de frenado.
- Olor a quemado: un olor intenso a quemado, procedente de la zona de las ruedas suele acompañar al efecto fading, indicando un sobrecalentamiento del equipo de frenos. En los casos más graves, puede llegar a producir fuego e incendiar el vehículo.

¿Cómo debe actuar ante el efecto fading en los frenos?
En caso de que se perciba un fallo en el sistema de frenos y se tenga la certeza de que los frenos se han sobrecalentado, lo más importante es no perder la calma. Si es posible, hay que tratar de disminuir la velocidad gradualmente, reduciendo marchas y utilizando el freno motor sin acelerar. En el caso de que se produzca durante una bajada larga y con mucho desnivel, hay que estar pendiente de las señales de tráfico para ver si más adelante existe alguna zona de frenado de emergencia. En caso afirmativo, debe utilizarse sin dudar, especialmente si se conduce un vehículo pesado.

Una vez detenido el vehículo en un lugar seguro, habrá que esperar el tiempo necesario para que el sistema de frenos se enfríe y se recupere. En el caso de que, tras enfriarse, el pedal o la maneta sigan con tacto esponjoso y más recorrido del habitual, lo más probable es que haya una avería, por lo que el vehículo deberá llevarse a un taller con una grúa.
Aunque los frenos se hayan recuperado y se pueda reanudar la marcha, es recomendable que un profesional revise el sistema y cambie el líquido de frenos. Es muy probable que con el sobrecalentamiento haya perdido propiedades y, por tanto, el vehículo no vuelva a frenar como es debido.

Mientras un vehículo sufre el efecto fading, no está de más que utilice las luces de emergencia, conocidas como “warnings”, para advertir a los demás conductores de la situación y así tratar de evitar posibles colisiones.
¿Se puede evitar el efecto fading?
Seguir el plan de mantenimiento indicado por el fabricante es primordial para tratar de evitar que se produzca el efecto fading en los frenos. Vigilar y revisar periódicamente el estado de las pastillas y los discos de freno es primordial. En el caso de que el vehículo posea frenos de tambor, se debe actuar de la misma manera. Cambiar el líquido de frenos, por lo menos, una vez cada dos años, es fundamental.
Otra manera de reducir las posibilidades de que se produzca el efecto fading es ser precavido mientas se conduce. Es aconsejable utilizar el freno motor en bajadas prolongadas y no insistir en exceso sobre los frenos para evitar que se sobrecalienten. Si se percibe una pérdida parcial en la frenada es conveniente detenerse o, por lo menos, reducir la velocidad y tratar de no utilizar los frenos durante un tiempo para que se enfríen.
A la hora de sustituir componentes por desgaste (discos y pastillas principalmente), es aconsejable hacerlo con los mismos que trae el vehículo de origen o, por lo menos, utilizar algunos de algún fabricante reconocido. Recurrir a componentes o líquidos de “marcas blancas” puede repercutir negativamente y contribuir a que el efecto fading en los frenos se produzca con más facilidad.

Por ejemplo, para evitar el efecto fading, a algunas pastillas de freno de calidad se les aplica un tratamiento térmico conocido como “scorching”, que las abrasa, en el sentido literal, durante el proceso de fabricación. Consiste en calentar la superficie de cada pastilla hasta temperaturas de 600 o 700 ºC, lo que contribuye a que, durante el uso, se mantenga un valor constante del coeficiente de fricción.
Por otro lado, hay fabricantes especializados en frenos que ofrecen distintos materiales y componentes que se adaptan a estilos de conducción diferentes. Lógicamente, cuanto más deportiva sea la conducción, mejores materiales se deberán montar y más altos serán sus precios.


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