MotoGP

Las carreras más frías de MotoGP

La climatología siempre ha sido un factor clave a la hora de programar una competición porque las bajas temperaturas no son amigas de las carreras. No obstante, en el pasado, el Mundial se realizó en muchos territorios fríos.

Las carreras más frías de MotoGP

Hay una temperatura por debajo de la cual los neumáticos dejan de ser completamente efectivos. Cuando el asfalto baja de los 20ºC, se compromete enormemente su rendimiento y, sobre todo, se pone en riesgo la seguridad, por eso cuando se dan condiciones meteorológicas extremas, los pilotos de MotoGP tienen mucha cautela. Lo mismo sucede con los frenos de carbono, que pierden efectividad con el frío, ya que necesitan trabajar a temperatura elevada, de ahí que en cuanto llueve suelen instalarse protectores en los discos de freno.

Otro tanto sucede con el motor. Con el frío, la temperatura de trabajo desciende del punto ideal. En el pasado, los mecánicos combatían el problema instalando tiras de cinta americana en los radiadores para taparlos y que la temperatura del motor no descendiera. Con un hábil y sencillo sistema, el piloto podía tirar de una cuerdecita o una brida para retirar la cinta cuando consideraba que el motor corría el riesgo de calentarse en exceso. En la actualidad todavía se emplea este recurso, aunque también hay prácticos sistemas con termostatos que evitan el engorro de la cinta. Demasiado trabajo tienen ya los pilotos con todos los dispositivos que deben controlar en sus motos…

El calendario del Mundial se confecciona teniendo en cuenta la climatología de cada país: por ejemplo, programar carreras en el norte de Europa en primavera u otoño comporta un riesgo, así que lo normal es que estas pruebas se emplacen en medio del calendario. Lo mismo sucede con Australia, cuya peculiar localización es un serio condicionante a la hora de programar el Gran Premio de MotoGP. Situada en el hemisferio sur, no hay nada entre la isla continente y la Antártida, el inhóspito y helado continente, por eso cuando el viento sopla desde el sur la temperatura se vuelve gélida en Phillip Island, el circuito que alberga el Mundial de MotoGP.

Su carrera está fijada en el mes de octubre, en el inicio de la primavera austral, cuando todavía se sienten los retazos de los últimos días de invierno, y si la meteorología se vuelve desfavorable, Phillip Island, que en el verano es un lugar ideal para las vacaciones y para disfrutar del mar, se vuelve una verdadera nevera. Por eso en ocasiones el Gran Premio de MotoGP se desarrolla en condiciones extremas, que ponen a prueba los neumáticos, obligando a usar compuestos muy blandos que garanticen el agarre, con el riesgo de un excesivo desgaste.

La primera edición de esta carrera en 1989, se celebró en abril, o como se hacía en Eastern Creek, el circuito de Sidney, pero desde 1997 el Gran Premio de Australia se ha asentado en Phillip Island, a unos 200 kilómetros de Melbourne, y hay un conflicto de intereses locales. La carrera cuenta con el apoyo de la capital, que precisamente en marzo suele organizar el Gran Premio de Fórmula 1 en el circuito de Albert Park, y no quiere emplazar en un pequeño plazo de tiempo dos acontecimientos de semejante nivel, F1 y MotoGP. Por eso uno de los dos tenía que cambiar su fecha, y dado que los coches llevan asentados en Melbourne desde 1995, MotoGP ha tenido que aceptar pasar al mes de octubre.

Otros escenarios fríos

Esta temporada, si no hay contratiempos y la situación lo permite, el Mundial regresará a Finlandia, al nuevo circuito de KymiRing. El país escandinavo acogió el Campeonato del Mundo desde 1964 hasta 1982 en la pista de Imatra, situada muy cerca de la frontera con Rusia. Junto con Suecia, conformaba el periplo escandinavo del Mundial, y dadas las frías condiciones de los países nórdicos ambas carreras se solían disputar en el mes de agosto, aunque ello no las libraba de frecuentes tormentas y un clima de lo más revuelto.

Además del largo y costoso desplazamiento hasta allí, el mal tiempo era otro aliciente para evitar Anderstorp (Suecia) e Imatra. No todos se lo podían permitir, solo los campeones. Por eso, si las obligaciones de sus marcas no se lo impedían, tanto Ángel Nieto como Giacomo Agostini procuraban tener amarrados sus títulos antes de la gira escandinava, para evitar así esas incómodas carreras. Aunque a veces, a pesar de haberse coronado ya campeones, en alguna ocasión tuvieron que acudir a alguna de las carreras parar asegurar el título de fabricantes para sus marcas.

Otro problema que surgía en el pasado con los países norteños y los circuitos de antes, enormemente largos, era que con meteorología cambiante se podían encontrar diferentes condiciones de pista en distintos puntos de la misma. En la Isla de Man, el Mountain Course, su trazado principal, tiene 60 kilómetros de recorrido, y una carrera puede arrancar en Douglas, la capital, con sol y buen tiempo, y convertirse en un infierno de lluvia y niebla al norte, en Kirk Michael, en la montaña, o al doblar su sentido en Ramsey.

Lo mismo sucedía en Nürburgring, en el Nordschleife, el circuito original de 22,8 kilómetros de longitud y 90 curvas. A la complejidad de su trazado se sumaban cambios de temperatura y de presión atmosférica, incluso. En los entrenamientos, muchos pilotos solían llevar una bujía de recambio que sustituían por la que llevaban puesta en el punto donde la meteorología cambiaba, y así al regresar a boxes permitían que los técnicos de la época “leyeran” ambas bujías y entendieran que tipo de carburación debían preparar para soportar esas condiciones. Ángel Nieto recordaba que en alguna ocasión tuvo que cambiar la bujía en plena carrera de 50 para conseguir acabarla y asegurar un resultado en vez de arriesgarse a una avería.

Canadá fue otro país donde el Gran Premio se vivió en condiciones extremas. La única ocasión que el Mundial viajó hasta allí fue en 1967, disputando la carrera en Mosport, un circuito situado en las cercanías de Toronto. La carrera se programó el 30 de septiembre, una época demasiado fría ya, al menos desde los cánones europeos, poco acostumbrados a la climatología de aquellas latitudes. La carrera resultó un verdadero infierno para los pilotos por el frío, y después de aquello nunca más se volvió a programar un Gran Premio allí, aunque posteriormente entre 1989 y 1991, el Mundial de Superbike hizo parada en Mosport, pero en el mes de junio, disfrutando de unas condiciones idóneas para el motociclismo.

Pero si tenemos que hablar de un tiempo frío e inesperado, ninguno como el vivido en el Gran Premio de Austria de 1980, programado para el 27 de abril en el circuito de Salzburgring. Los entrenamientos se desarrollaron en condiciones desapacibles, pero no era nada nuevo para los pilotos enfrentarse a lluvia y viento frío. Las jornadas de pruebas se desarrollaron sin mayores contratiempos, y el sábado por la noche todos se fueron a dormir concentrados en la carrera del domingo. Cuando las primeras luces iluminaron Salzburgring, descubrieron un circuito enterrado bajo un metro de nieve…

La lluvia de los días anteriores se transformó en una intensa nevada que atrapó a todos en sus caravanas, y en tiendas de campaña para los menos pudientes, que pasaron la noche retirando la nieve que caía para evitar que su tienda se desmoronara. Alguno optó por dormir incómodamente en el camión, junto a las motos, para protegerse del frío. El Gran Premio, lógicamente, se suspendió por motivos meteorológicos, una situación que no volvería a repetirse hasta 2018, cuando la lluvia caída en Silverstone anegó la pista inglesa hasta hacer impracticable la conducción.

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